El estilo de vida moderno ha extendido la urbanización o mejor dicho la territorialidad del ser humano, sin embargo esta constante expansión ha distanciado al hombre de la naturaleza; por supuesto, esto ya se ha analizado desde distintas aristas, pero no todo está dicho.

Quienes han optado por un estilo de vida vegano entenderán de lo que hablo y el porqué es importante dar a conocer un poco de este nuevo Síndrome que no ha sido reconocido por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés) y que por su naturaleza punzante para los carnivoros, quizá nunca lo sea.

La historia de Bambi, por si no la conocen ya, es la de un cervatillo cuya madre es muerta por un cazador, tras un incendio, el debe de huir y hacerse una nueva vida en el bosque.

Pues bien, la descripción generalizada del Síndrome de Bambi, nos dice que quienes lo padecen tienen sentimientos muy fuertes hacia los animales, la vida salvaje, y un repudio incontrolable a cazadores, incendiarios y profanadores de la naturaleza; hasta aquí muchos de nosotros calificaríamos para ser tratados, pero los contrapuntos vienen a continuación.

Como se comenta antes, el crecimiento de las manchas urbanas ha provocado que las nuevas generaciones conozcan a los animales domésticos (ya sea que los tengan o no), a los que aparecen en películas familiares (osos, vacas, ciervos, etc.) o ven en los zoológicos y se interesen poco por un verdadero contacto con la naturaleza. Lo anterior, según describen estudiosos del síndrome, provoca una simpatía desmedida por los animales que son tiernos, lindos y abrazables, humanizandolos a tal punto que el ser humano es la peor plaga del planeta y los inocentes animales la encarnación de todo el bien. Personas con este transtorno, debo agregar, tienen un estilo de vida no vegano, son especistas disfrazados de protectores de los animales desvalidos, cuando en realidad visten, comen o se entretienen con ellos.

Claro, el especismo ya es tema en algunas facultades de psicología, pero son estudios que dificilmente veremos publicados en revistas prestigiosas ya que develan el interés de algunas personas y organizaciones por defender a las especies “populares” en el entorno mediático haciendo todo tipo de manifestaciones para salvar ballenas, osos panda, venados o perros callejeros, mientras ignoran por completo a la rana morada, salamandra gigante, la sagalla caecilian o el gusano de maguey; porque tienen poca estética para el diseño de playeras o pancartas.

La labor de este tipo de especistas refinados que padecen el Síndrome de Bambi ayuda a la preservación de estas especies, pero sería mejor si se extendiese a una actitud más comprometida con la vida en el planeta.

Por otra parte, las personas pertenecientes a este Síndrome, tienen tal entusiasmo por salvar a estos animales y poder convivir con ellos a tal grado que pierden la perspectiva de su propia seguridad; es obvio que por muy aventurado que sea su carácter lo pensará dos veces antes de acercarse a un cocodrilo, pero ¿sucederá lo mismo si está frente a una cabra?.

Hay estudios que demuestran que la violencia innecesaria en el reino animal es ejercida mayormente por los animales herbívoros ya que para ellos, el ejercer violencia en sus iguales funciona como entrenamiento para la supervivencia, además de establecer jerarquías. Por si no lo sabía, es común que las cabras embistan a sus pastores o caminantes monteses.

La cuestión psicológica no es la única vertiente de estudio sobre el Síndrome de Bambi, este tema es abordado por el campo sociológico como una nueva forma de colonización de las aldeas nativas y territorios vírgenes como selvas y bosques donde, está permitido hacer tala indiscriminada para usar las tierras como campos de monocultivo para biocombustibles y así alargarle la vida útil al petróleo que cada vez es más escaso.

 

 

 

 

 

 

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Karla Ledezma

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