En la mayoría de las confesiones cristianas, el domingo es un día de descanso. De descanso y de profesar la fe ante un establecimiento de cuatro paredes. Sin embargo, quienes se dedican a salvar la vida de otros animales no tienen días festivos.

Llevar un Santuario es difícil y nunca hay respiro. La que aquí escribe quiso echar una mano, por pequeña que fuera, y se dirigió al Valle Encantado durante la mañana de un domingo cualquiera. He a continuación la percepción que de la experiencia resultó.

Es de madrugada y es hora de despertarse. Luego de desayunar leche vegetal con gofio de trigo, hay que subirse al tren para esperar a las dos voluntarias que tan amablemente se han ofrecido a acercarte hasta el Valle. En el trayecto de ida encuentras animales no humanos libres por doquier. Algo parecido a lo que hallarás en el Valle Encantado.

Una vez pasados los no sé cuantos minutos del viaje en coche y tras varias conversaciones con las compañeras, toca quitarse las legañas y trabajar. Entramos y la bienvenida nos la dan preciosos perros de todas las razas y colores. Los hay con epilepsia o con un sólo ojo. Todos diferentes y hermosos. No obviar la gran bienvenida de los que, sin descanso, sacan a flote el refugio: Esperanza y Andrés, la primera con cansancio en la mirada y el segundo con muchos abrazos que regalar.

Y manos a la obra. Nos ponemos los guantes y comenzamos a limpiar los excrementos de los burros. Dani, uno de ellos, lleva una prótesis en una pata amputada que además de ayudarle a caminar, hace que no se le deformen las demás extremidades. Al principio cada uno de estos animales te observa desde la distancia, examina tus intenciones. Luego de presentarte como invitada, te abren las puertas de sus casas. De sus casas y, claro está, de sí mismxs. No puedes escaparte sin que te muerdan las zapatillas o te persigan para más caricias.

Una vez limpios sus váteres, toca limpiar el de los gansos y, también, ovejas. Todo mientras te sigue un gallo llamado Atún al que le gusta atacar a los hombres. Yo, con el pelo rapado, me ando con ojo, por si acaso.

Caminas en la naturaleza, entre burros, gallinas, gallos, gansos, ovejas, palomas, conejos, perros, gatos y cerdos. Cada habitante viviendo en su pisito y en paz con los demás.

Quienes habitan el Valle Encantado tienen espacio para caminar y relajarse, a diferencia de en su lugar de origen. Hay muchas historias, tristes y no tan tristes. Lo maravilloso de ellas es su presente. Un presente cargado de felicidad y cariño. De todas esas historias que encuentras aprendes que la bondad de los animales no humanos es infinita, que aún habiendo sufrido males por culpa del ser humano, vuelven a confiar en nuestra especie. Bueno, aprendes eso y que las ovejas pueden ponerse a dos patas para alimentarse de los árboles.

Luego de más limpieza, las voluntarias nos convertimos en manitas, en voluntarias multiusos. En otras ocasiones han hecho vallas, hoy toca tapizar sillas. Entre grapado y grapado viene Rubia, una perra que ha podido superar la paraplejía gracias a la acupuntura. Gorky se te sienta en la falda y Dudo te sugiere que te acuestes a su lado, para que le beses y des caricias. Por supuesto a mi no se me ocurre decir que no, imposible negarse.

Después de poner tierra en el camino y limpiar el desagüe, nos dicen que no hay más que hacer. Apilados los troncos para hacer frente al frío invierno que está por llegar, es hora de dejar comer y descansar a los humanos del santuario. Aunque, probablemente, eso de descansar sólo sea durante un par de horas.

Una vez que te sientas en el coche rumbo a casa, te das cuenta del cansancio y auspicias las agujetas en los muslos que tendrás a la mañana siguiente. Sólo has vivido medio día, quizás menos, de la vida de los habitantes de El Valle Encantado. Ellos y ellas son los protagonistas de este relato. Tanto los que son humanos como los habitantes peludos, con plumas o lana. La vida vegana no es una utopía y los santuarios hacen de este mundo especista, un lugar más bonito en el que vivir. Por ello nuestra absoluta colaboración es imprescindible, no sólo para con El Valle Encantado, sino también con el Santuario Gaia, Mino Valley, el Hogar ProVegan, Wings of Heart, Compasión Animal, el Santuario Vacaloura y el Leon Vegano Animal Sanctuary. Sin ellos, muchas vidas se perderían entre la maldad y la inconsciencia humana.

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